in english
Iván Soto
Bloqueador (blocker)
Aprendí el inglés casi por mí mismo. Practicaba una hora y media al día después de la faena. Mucha gente prefiere escuchar música o dormir, o perder tiempo con otras cosas, pero es lo que yo hacía. Aprendía muchas palabras al día que yo trataba de recordar. Yo también hablaba con gente norteamericana. Si uno quiere aprender, puede hacerlo de a poco. Yo le digo a todos que estamos aquí en los Estados Unidos, así es que deberíamos hablar inglés.
Mi padre fue el primero de nosotros en venir aquí hace diez años. Al año siguiente se vino con mi madre. Dos años más tarde vinimos todos. Ahora trabajamos juntos en un mismo equipo: mi madre, mi padre, mis hermanos, la hermana de mi padre, y mi primo. Es lindo poder trabajar todos juntos en familia. A veces, cuando estamos muy ocupados y tenemos muchas malezas/hierbas, estamos callados. Nos concentramos y sólo pensamos en lo que estamos haciendo. Cuando no estamos muy ocupados, tenemos más tiempo para hablar mientras trabajamos. Hablamos sobre muchas cosas—cosas que hicimos hace mucho tiempo o cosas de México. Ayuda mucho, pero el trabajo aún es duro, especialmente cuando hace calor.
Beatrice Gutiérrez
Bloqueadora (blocker), Líder de Equipo
Mi día comienza a eso de las 4:50 de la mañana. Me levanto y preparo algunas tortillas. Después hago algunos tacos para llevar al sembrado para nuestra merienda de las 10:00. Nos gusta comer nuestro almuerzo temprano así podemos regresar aquí durante la hora de almuerzo y descansar por una hora.
Soy la única mujer en nuestro equipo, pero soy la líder del grupo. Yo recibo el informe sobre el lugar en donde trabajaremos antes de dejar a mis niños para que tomen el autobús. Casi todos los que están en nuestro equipo son parientes de mi esposo. Somos bloqueadores (blockers). Nosotros bloqueamos las lechugas col, romana y de hoja colorada, y nos aseguramos de que tengan suficiente espacio para crecer así, cuando es tiempo de cosecharlas, son plantas suficientemente grandes como para cortar y distribuir a los mercados. Y las remolachas, cilantro, perejil, y cebollas que desyerbamos (despejamos las hierbas/malezas) también.
Como soy la líder del equipo, debo calcular cuanto hemos hecho al fin de la faena y debo dividirlo entre los miembros del grupo. Yo digo que hemos completado 15 o 20 hileras, cada una a $2 o $3 dólares. Lo sumo y, a veces, ganamos $70 o $80 por persona en un día. Al fin de la semana, tenemos algo. Algunas semanas, entre mi esposo, mi hijo, y yo ganamos $1.200 como familia y de eso ahorramos $600.
Jeff Zellers
Dueño de Granja, Productor
Esta no es una granja típica de aquéllas del abuelo, alrededor de fines de siglo, con 5 vacas, 5 cerdos, y 10 gallinas corriendo sueltos. Hablando en términos económicos, la oportunidad de hacer todo lo que se debe hacer en una granja es ínfima. Hemos invertido mucho en estas facilidades, el equipo, y en la vivienda de esta gente. Las cosas tienen que funcionar y salir bien. Damos albergue a 150 personas que trabajan para nosotros, con sus familias. Cada año, el Departamento de Salubridad de Ohio nos da licencia para nuestros campos de trabajo. A veces es un desafío, ya que debemos adjudicar un determinado número de pies cuadrados por persona. Preferiblemente, nos gustaría tener una pareja, esposa/esposo, trabajando ya que tenemos que proveer vivienda. Así es que tenemos que tener muy en cuenta el aspecto económico del proyecto.
Yo sé que algunos trabajadores ahorran dinero para construirse una casa en México. El poder adquisitivo de sus ingresos aquí es inmenso una vez en México. Cuando se tiene trabajadores que regresan con sus familias para vivir ahí permanentemente, gracias al dinero que han ganado trabajando para nosotros, ¿es eso una cosa mala? Hay que reemplazar a esa persona, y tener que reemplazar a un empleado es riesgoso y caro. Por el otro lado, no me voy a enojar con alguien que ha forjado una mejor vida. Me gusta el elemento humano, pero también tiene sentido desde el punto de vista económico. Si no tenemos un cuerpo laboral bueno y consistente, fracasaremos como negocio. Y si no cuidamos de nuestros trabajadores, ellos no regresarán y nosotros tendremos que entrenar 150 personas nuevas por año. Me gustaría poder cambiar la percepción de la gente, estos trabajadores son una parte intregral de la economía—y no solamente en Hartville, Ohio.
Cyndee Farrell
Directora, Escuela Primaria de Marlington
Somos un pequeño distrito, y todos debemos llevar a cabo varias funciones. Yo soy a la vez la directora de la escuela y la directora del programa de migrantes. Yo admiro a estos niños. A pesar de sus dificultades, moviéndose de un lado al otro, funcionando bajo dos idiomas, no parecen padecer de estrés. No creo que proporcionamos a estos niños suficiente reconocimiento. Se pueden examinar sus notas en alguna prueba de lectura, pero cuando se considera todo lo que deben superar en el mundo real, ellos saben mucho. Eso no es una nota de examen.
Pat Moore
Voluntario, Miembro de la Comunidad
Cuando escuché de que estaban pidiendo voluntarios para el Centro de Migrantes, para conducir el autobús en los viajes recreacionales de los niños, yo fui y puse mi nombre en la lista. En ese momento, Larry Deiner era el director de los programas de verano. Larry tenía un control total de esos niños. Claro está, él también podía hablar español. Me acuerdo de que él nunca gritaba cuando llegábamos a las vías del tren. El decía con gran calma, casi con un acento inglés, “Niños, debemos estar callados. Este es el cruce del tren. Por favor, no hablar.” El no continuaba hasta que los niños estuvieran totalmente callados, y en cuanto cruzábamos las vías, empezaban a gritar y desahogarse, y eso no importaba. De vez en cuando, conducía por un camino donde estuvieran irrigando el campo, con chorros de rocío cruzando la calle. Nunca advertía a los niños que cerraran las ventanillas, y siempre recibían un trago de agua. Los niños gritaban y cantaban, “Larry, Larry.” Tenía un gran sentido del humor. De tanto en tanto decía algo como, “bueno, gracias, Alberto. Eso me da mucha alegría.” A los niños les encantaba eso. Todos los niños tenían gran respeto por Larry. Llamaban al autobús, “el Bus de Larry.”
Hermana Teresa Ann Wolf, OSB (Orden de San Benito)
Servicio Pastoral del Migrante
Creo que muchas veces, cuando la gente oye las estadísticas en cuanto al número de latinos que hay en los Estados Unidos, o en Ohio. o en el condado de Stark, queda atónita. No pueden creerlo porque no ven a esta gente. Pareciera que la tendencia de los hispanos es la de ser invisibles. A veces es el resultado de su misma historia. Han tenido experiencias muy malas. Han sufrido el prejuicio, entonces tratan de pasar por desapercibido. Muchos temen que si se quejan, podrían ser deportados o quizás algo malo les podría acaecer.
Como yo he trabajado con latinos en Arizona, América Latina, Minnesota, Wisconsin, y ahora en Ohio, pienso que de cierta manera yo también soy migrante. Me encanta mi trabajo; no querría hacer ninguna otra cosa. Es un trabajo muy gratificante. Esta es gente muy buena, y estamos creciendo juntos. Es un ministerio importante y excitante que tiene la iglesia, y muy necesitado por cierto. No podemos ser intimidados y dejar que los migrantes, y los inmigrantes más recientes, sean marginalizados aún más y puedan llegar a ser aún más invisibles. Tienen derecho a vivir sus vidas con respeto y dignidad. Tienen derecho a ser vistos y oídos.
Georgina Soto
Hija de una Familia Migrante
La primera vez que vinimos aquí, yo tenía cinco años. Fue muy difícil moverse aquí. Aún recuerdo como si fuera ayer. Yo tenía miedo porque tenía que quedarme sola en la casa mientras mi familia trabajaba. No conocíamos el programa de Head Start (pre-escolar), así es que me quedaba sola en casa todo el día.
Una vez, la pareja que vivía en la calle de enfrente, Bob y May Nichols, se acercaron y nos dijeron que si necesitábamos ayuda debíamos avisarles. Después de un tiempo, si teníamos una fiesta o comíamos afuera, los invitábamos y May preparaba un pastel para compartir. O a veces, cuando cocinábamos algo especial, se lo llevábamos a ellos. Y así fue que nos hicimos amigos.
Los primeros dos años era muy difícil para mí viajar de un lado a otro, pero ahora no me importa donde vivo—aquí o allá—porque tengo amigos en ambos lados.
Cipriano Contreras
Líder de Equipo, Equipo de Corte
Es difícil estar en otro país, con una cultura diferente y mantener tu propia cultura con tu familia, a pesar de las nuevas influencias. Eso es una de las cosas que más valoro: poder pasar la cultura mexicana y sus valores a mis hijos. La cosa más importante para mí, como padre, era que mi hija, Erika, mi única hija, se casara de blanco, en una iglesia, y de que estuviera segura de su decisión. Por supuesto, nada es perfecto en la vida, y durante la recepción la banda se emborrachó y dejó de tocar, y así también hubo otros problemas. Pero nada importó. Eso no era importante para mí. Lo más importante para mí era de que mi hija estuviera feliz de casarse y de que lo hiciera correctamente.
Por supuesto, el tiempo pasa y las cosas pueden cambiar. Y nunca es de la misma manera que uno se lo imaginó al principio. Pero estoy orgulloso de que tuvimos una boda de acuerdo a la tradición mexicana en Ohio y de que crié a mi hija bien. He visto a muchos de los hijos aquí que crecen y comienzan a trabajar en los campos. Ahora, tanto mis hijos como mi hija trabajan para los Zellers. Este año hará diez años que estamos viniendo aquí. Diez años. Estas son palabras cortas para describir un tiempo muy largo.
Katie Giancola, M.D.
Graduada de NEOUCOM, clase de egresados de 2006
Cuando estaba en Guadalajara, formé parte de un grupo de 39 mexicanos, a los cuales yo no conocía, para hacer un viaje misionero auspiciado por una iglesia. Fuimos al estado sureño de Oaxaca. Yo estaba muerta de miedo. No tenía idea adónde iba ni que me depararía allí. Trabajamos 10 días con los pobladores de las montañas, y fue la experiencia más increíble de mi vida. Al tercer día de estar allí, festejé mis 21 años. Me sorprendieron con una fiesta de cumpleaños bajo los árboles de mangos y lo celebré con cien mexicanos que yo ni siquiera conocía. Me trajeron un pastel todo decorado y globos, me cantaron y me dijeron que debía inclinarme sobre el pastel y darle un mordisco. Pensé que era un poco extraño, pero continuaron con sus cánticos para que lo hiciera. Y cuando finalmente me atreví, me empujaron de cabeza en el pastel. Me enteré de que es una tradición mexicana en los cumpleaños, la mordida. Nunca sentí tanto afecto proveniente de un grupo de gente. Era la gente más buena que yo había conocido, y me hicieron sentir bienvenida.
Eric Romero
Trabajador en la Casa de lavado, Estudiante
Básicamente, estoy tratando de equilibrar dos culturas. No estoy tratando de inclinarme por una, dejándo la otra de lado. No estoy realmente tratando de vivir el sueño norteamericano. No creo que exista realmente. Algunas veces, otros me dicen, “te has americanizado ahora, y crees que eres mejor que nosotros.” Pero yo no creo eso. No quiero que la gente piense eso. Así es que, ante todo, lo primero que quiero hacer es ayudar a los otros si lo necesitan. Pero siempre está esa persona, sin embargo, que trata de desanimarte. Pero no puedes dejar que una persona te desanime, porque hay otras tres que van a ayudarte. Tienes que ser optimista. Esto me lo han enseñado mis padres.
Beatrice Gutiérrez
Bloqueadora, Líder de Equipo
Hace 12 años que venimos a la granja de los Zellers. Siempre nos dan el mismo lugar. Es lo que nos gusta. Nos sentimos más cómodos cuando no nos tenemos que estar trasladando todas las temporadas. Los sábados terminamos nuestra faena al mediodía. En cuanto termina, regresamos y nos duchamos. A veces salimos de compras. Me encanta ir a las ventas de garajes en Hartville o a Wal-Mart. Tienen todo mucho más barato allí. Los lunes voy a la venta de artículos de segunda mano en el Centro de Migrantes. Los domingos me levanto temprano también, a más tardar las siete, de manera de poder lavar toda la ropa. Generalmente termino a eso de las 3:00 o 4:00 de la tarde. Una vez que ya he terminado, me siento a descansar y no quiero que nadie me moleste.
May Nichols
Vecina, Miembro de la Comunidad
Cada año, cuando la familia Soto regresa en marzo, nos trae un regalo de México. Un año le trajeron uno de esos grandes sombreros a Bob. Otro año trajeron un poncho. El año pasado nos trajeron una manta mexicana que va perfectamente en la cama de Bob, y es lo más suave que se pueda imaginar. En el invierno, él se envuelve en ella y se olvida de que haya nieve. Es tan caliente.
Hasta que nos mudamos a Hartville, nunca había conocido a un trabajador migrante. No sabía lo que eran. Nunca había oído de ellos. Nunca soñé que tendría la oportunidad de conocer a gente de otra cultura como ésta y que aprendería a conocerlos y me acercaría a ellos. Pero se mudaron enfrente de mi casa, y en poco tiempo aprendí que era gente buena. Es una gran cosa. Siempre me enseñaron que cuando dejara de aprender, dejaría de vivir.
Yo me quedaría con cualquiera de ellos, para siempre, de por vida, si se quisieran quedar aquí conmigo y con Bob. Son gente especial—gente inexplicable, especial.
María Consuelo López
Ex empleada de Head Start (Programa pre-escolar)
No cerramos las puertas de Head Start hasta mediados de Octubre, después de que se vaya la última familia. Queremos estar seguros de que habrá alguien aquí para cuidar de los niños. Esos últimos días, cuando las familias comienzan a empacar y partir, son bastante tristes. Cada noche, otra casa rodante o casa más queda en la oscuridad. Uno a uno los campamentos cierran, hasta que un día te encuentras manejando por Duquette (calle) y todo el camino está oscuro y sombrío. Pero igual me siento satisfecha porque sé que al término de la temporada un niño aprendió el abecedario o a escribir su nombre—y así comprendo que estoy aportando con mi trabajo. |